jueves, 10 de marzo de 2011

Remember Rubén Darío

   De tus aridientes pupilas
aún siento el vago poder;
aún me incendian tus miradas
de infinita languidez;
   aún escucho tus palabras
y tus promesas de ayer;
aún de tus besos dulcísimos
siento en mis labios la miel;
   aún el roce de tu mano
todo me ace estremecer;
aún me abrasa tu contacto
como la primera vez...
   Aún tu aliento me impresiona,
sube la sangre a mi sien;
y aún el corazón, mi vida,
me late, no sé por qué.
   Aún te amo por tus ardores,
tu ternura, tu doblez,
tus caricias, tus engaños,
tus locuras y tu hiel...
   Niña hermosa, bien se paga
la pasión con el desdén;
uno aprende muchas cosas
¿no es verdad?, con la mujer.
   Lo primero, que es un ángel
que domina cuanto ve;
lo segundo, que hay un áspid
en sus labios de clavel;
   lo tercero, que sus gracias
son raudlaes de placer,
y qeu es su pecho un abismo
siniestro y hondo... -¡Muy bien!

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